viernes, 7 de enero de 2011

Diálogos imposibles (1.3)



-          ¿Sabe algo de mí?
-          ¿Mi marido? ¡Estás loco!
-          Ya sabes a quién me refiero… al “otro”.
-          No, no sabe nada. Ni tu tampoco nada de él.
-          Sé de su existencia que ya es mucho. Lo demás me lo puedo imaginar.
-          ¿Y qué imaginas?
-          ¡Qué más da lo que imagine! Ya te he dicho que no me importa que estés con él. Lo que me fastidia es que no me lo hayas dicho.
-          Son cosas que cuesta explicarlas.
-           Vamos a ver ¿A tí te explicaron el cuento de Blancanieves y los Siete Enanitos?
-     Pues claro que si... 
 -    Desde pequeñitos ya nos están diciendo que el hombre es polígamo y la mujer  poliandria. Lo difícil es llegar a aceptarlo... y a mi es un cuento que siempre me ha gustado mucho. Hasta que de "mayor" supe porqué.
-          Lo sé. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Yo te quiero y antes que a ti lo quise a él y mucho antes a mi marido. No quiero perder a ninguno de los tres.
-          Pues si me hubieses hecho caso y me conocieses un poquitín sabrías que lo hubiese aceptado… pero no quiero que me engañes.
-          No te engaño.
-          Me ocultas cosas que para el caso es lo mismo.
-          ¿Y ahora que estás al corriente qué piensas hacer?
-          ¡¿Cómo que qué pienso hacer?! ¡Te sigo queriendo y eso no lo voy a cambiar porque me confirmes  algo que ya sabía! Además, yo también soy polígamo…
-          Soy consciente de ello.
-          ¿Y me sigues queriendo?
-          Por supuesto.
-          Pues eso... ¿Te vienes a releer este cuento?

miércoles, 5 de enero de 2011

Diálogos imposibles (2.2)


-          Es lo mismo. Siempre ha sido lo mismo.
-          Lo suponía aunque la verdad es que llegaste a despistarme.
-          ¿Te despisté? Te notaba muy centrado y seguro, la verdad.
-          Pura estrategia de conquista, más o menos como la tuya.
-          ¿Cómo la mía? Te equivocas, nunca empleé una estrategia de conquista contigo. No quería conquistarte.
-          Bueno, tal vez me haya expresado mal, tal vez no era una estrategia de conquista sino un método apto para conseguir un fin. Es en ese matiz dónde me perdí contigo.
-          ¿En qué matiz?
-          En el matiz que existe entre conquista y fin. Al principio confundí tu digamos “método” como un intento de conquista, entendido como algo que tiene voluntad de permanecer en el tiempo. Luego me percaté que lo que querías era algo que se agotaba en sí mismo. Pero eso fue días más tarde.
-          ¿No pensarás demasiado en eso? Las cosas son más sencillas…
-          Depende de si esas “cosas” te interesan o no. La sencillez es inversamente proporcional al interés y si, para más ‘inri’, no te las explican la confusión es total.
-          Pero tú eres listo y entiendes…
-          Ahí está tu error en creer que los sentimientos pueden entenderse ¡Como si todo pudiera analizarse!
-          Me darás la razón en que sabías que no quería conquistarte.
-          De eso me enteré días más tarde, cuando repasé nuestro encuentro y me di cuenta que habías cortado toda comunicación. Fue entonces cuando recordé lo que me habías dicho de tu última conquista.
-          ¿Qué te dije? No recuerdo
-          Pues que te habías acostado con él (bueno, dijiste “follado”) y él se había enganchado. Y no soportabas que estuviese tras de ti porque después de aquello ya no había más.
-          Jajajaja. Es cierto ¡Eso fue una advertencia  por si acaso te daba por ahí!
-          Ya, ya. De eso me enteré después y no precisamente porque me lo dijeses.
-          ¿Cómo qué no te lo expliqué? ¿Acaso no has dicho que mi silencio fue lo que te hizo ver claro? ¿Acaso mi silencio no te habla ahora?

martes, 4 de enero de 2011

Diálogos imposibles (1.2)


-          No son once años…
-          ¿Qué dices?
-          Que no son once años, es menos. Bastante menos si sumamos los encuentros "válidos".
-          ¡Ah! ¿Te refieres a la relación sólida?
-          No seas sarcástico. No puede decirse que sea una relación así…
-          ¿Así? ¿Sólida? Esa definición se la diste tú.
-          Si, lo sé, pero porque no sabía a lo que te estabas refiriendo.
-          Once años son unos cuantos años. Lo que no entiendo es por qué si sigues la relación con Él, después de once años, intentes convencerte –y convencer a todo el mundo- que no es una relación… seria.
-          Pues porque no lo es.
-          ¿No lo es? ¿Me lo explicas? No es que me importe que me simultanees con otros, lo que me fastidia es que no me lo cuentes. A fin de cuentas no soy tu marido y tu y yo no tenemos obligación de estar juntos.
-          ¡Si  estamos juntos es porque te quiero!
-          De acuerdo, muy bien. Nos decimos que nos queremos (y lo reafirmamos cuando podemos vernos) desde hace casi dos años… ¡¿Qué será cuando llevemos más de once años?
-          No es lo mismo…
-          ¡No, si ya sé que no es lo mismo ¡! Con el otro son once años… conmigo apenas dos.
-          Sí, pero no han sido once años intensos, como contigo.
-          ¿No? ¿Y cómo han sido? No es que me quiera meter en tu vida privada, ni fisgar en ella, pero me encantaría saber.
-          Pues porque a Él sólo lo puedo ver los veranos, casi siempre en verano y solo los fines de semana... Y unos días del mes de agosto. Además, ya sabes que siempre voy a la playa con mi marido y mis hijos y eso limita mucho los encuentros. Y todo eso no suma once años...
-          Vistas así las matemáticas contando solo los encuentros "productivos", pues a lo mejor tienes razón... pero en ese caso tu y yo apenas llegamos al mes... ¿Y durante el resto del año, cómo os lo montáis para hacer el  "mantenimiento"?
-          Pues por internet, nos escribimos correos y, algunas noches, nos vemos…
-          ¿Os escribís? ¿Os veis? Vamos que os dedicáis al “diversexo”
-          Vale, si ¡Pero eso no significa que lo nuestro sea serio! Tener sexo a través de internet no es lo mismo que tenerlo físicamente ¡No puede decirse que sea una verdadera relación!
-          ¿Y las palabras? ¿Y los “te quiero”?
-          Sólo te quiero a ti y lo sabes.
-          Y yo a ti.

domingo, 2 de enero de 2011

Diálogos imposibles (2.1)


-         Aún hoy me pregunto el porqué desapareciste.
-         Bah! Déjalo. Lo importante es que he vuelto ¿no?
-         Si, en cierta manera es así, pero no estás igual ¿Qué ocurrió?
-         Bueno… ya sabes. Eres listo… el calor… el verano… ¡la abstinencia! ¡No me lo hagas explicar, anda!
-         No, no. Ya te has dado cuenta que he sido discreto pero…
-         ¿Pero?
-         … sabiendo los motivos de tu marcha entenderé si tu vuelta es una continuación o una nueva etapa.
-         ¿Qué te va a aportar el saber eso? Estoy aquí ¿verdad? ¡Pues no te hagas más preguntas!
-         Si, tal vez tengas razón y mejor será no preguntar sobre algo que no va a tener una respuesta que me guste.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Diálogos imposibles (1.1)



-         ¿Crees qué once años de relación con una persona se pueden considerar una aventura?
-         Yo diría que eso es una relación muy sólida ¿por qué me lo preguntas?
-         ¿Y nosotros que llevamos casi dos qué tipo de vínculo tenemos?
-         Yo a ti te quiero, ya lo sabes.
-         ¿Y a tu marido?
-         También le quiero, pero de una manera diferente.
-         ¿Cuál es la diferencia?
-         Él es el compromiso, mis hijos, la familia. Tú eres la pasión, la aventura diaria, el amor en mayúsculas… ¿pero por qué me preguntas eso?
-         Porque quiero saber cuantos tipos de unión tienes.
-         ¿Cómo?
-         Si, tienes tres tipos de unión o relaciones. La de tu marido, que es la del compromiso, lo cotidiano. La mía, la pasión de la aventura… y la de tu amante que es la relación sólida.
-         ¡¿Pero qué dices?! ¡No tengo ningún amante! ¡Sólo te quiero a ti! Te lo he dicho montones de veces.
-         Y yo a ti. En la misma medida que tu a mi, amor.