Finalmente he decidido ir al médico por lo de la torcedura del tobillo. No es que me entusiasme pasarme por la consulta del traumatólogo (o de cualquier otra especialidad) pero no quiero quedarme cojo y con mi edad, si no te cuidas, corres ese riesgo. En realidad si vas al médico te expones a que te encuentre peor de lo que crees estar o te diagnostique alguna enfermedad que no esperas. Así que ya que he decidido visitar al doctor voy a ir preparado para que me corte el pie y me diga que me quedan cinco días de vida, siete con suerte. Vamos lo justo para saber cuál es el resultado del partido de vuelta de la semifinal de la “champions” Barça-Madrid. Y si no voy a llegar le pediré, le suplicaré, le exigiré que me mantenga vivo, incluso artificialmente, pero no quiero viajar al “otro lado” sin saber qué equipo llega a la final. No sabría de qué hablar en el más allá.
En un instante nacemos, en otro morimos. Resulta curioso que esos espacios breves de tiempo, fugitivos, frágiles y efímeros nos condicionen tanto la existencia que se conviertan en el título necesario de los capítulos de las historias que vivimos. Cuentos, leyendas, fábulas, intrigas, mentiras, traiciones, incomprensiones, odios, amores, enredos, sentimientos al fin, son los que modifican el rumbo del camino que sucede entre ellos, la Vida.
miércoles, 27 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Deportes de riesgo
Llevo desde el viernes pasado con el tobillo dolorido e inmovilizado. Me lo torcí practicando deporte. No, no soy el de la foto que está volando en ala delta: una caída desde la distancia que está el piloto me hubiese supuesto la contractura de algo más que un tobillo. La cosa fue más simple: acababa realizar dicha foto y me puse a andar mientras guardaba la cámara en la funda. Fue entonces cuando me falló el pie y me puse a andar con el tobillo. Está visto que hacer dos cosas a la vez es un deporte de riesgo.
(Se oye -si pinchas- "Rayando el sol" por Maná. No olvidéis el traje de amianto)
sábado, 23 de abril de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
Y el capullo floreció...
ADVERTENCIA: ESTE VÍDEO ES PARA MAYORES DE EDAD PORQUE CONTIENE MATERIAL SENSIBLE. ABSTENTE DE PINCHAR EL PLAY SI NO TIENES ESA EDAD.
En las próximas semanas os iré contando el apasionante tema de la evolución de los capullos.
martes, 19 de abril de 2011
Disculpa para una desconocida que no llegará a leerla
(Se escucha "Ticket to ride"-Billete de vuelta- de The Beatles versionada por Carpenters, la mejor para mi)
Te sorprenderá que te trate como desconocida habiéndote visto en varias ocasiones pero es que, a pesar de eso, sigues siendo para mí una extraña. Ese es el primer motivo y fundamental de mi disculpa, el no haberte podido conocer a pesar de tus esfuerzos para que así fuese. Ha sido descortés por mi parte no corresponder a tus confidencias, a tu sinceridad, a tu descarnado atrevimiento con un poco, si quiera, interés por parte mía por ahondar en tus pensamientos, en tus sentimientos, en esa atracción tantas veces demostrada que sentías por mí.
Lo siento tanto que escribo esta confesión haciéndola pública tratando de descargar con ello mi conciencia, haciendo testigo al mundo de mi grosero proceder. No sé si podré aquietarla porque sé que no la leerás: tu decepción te ha producido hartazgo, hartazgo de mí y te entiendo. Entiendo que el marcharme sin decir nada obligándote a un forzado silencio, satura el pensamiento en mil dudas que la simpleza de mi comportamiento no puede llegar a comprender.
Lo siento, de veras, como también lamento el no haber contestado a tus correos llenos de preocupación por saber qué me había ocurrido. Sé que con un simple “Estoy bien” o respondiéndote el mensaje sin contenido hubieses tenido bastante, pero el orgullo y el aburrimiento que me producen las personas que conquisto, me lo impidieron. Ese mismo orgullo que interrumpió los “esemese” que contestaba a los tuyos llenos de ansiedad. Quería que notases la indiferencia que tengo hacia ti en vez de explicártela como lo hacen las personas que han pasado buenos momentos juntos. Ya te dije que soy algo primitivo en mis reacciones y opto por lo que me es más cómodo: largarme sin dar explicaciones.
Sé que allí donde estés y aún no leyendo este escrito me perdonarás. Las personas como tú lo hacéis siempre a pesar del maltrato a que os someten. Esas personas que se asemejan a tiernos capullos como el que he visto crecer este fin de semana en mi jardín y que me recordó a tí: alegran tanto que es una pena que se marchiten tan rápido.
(Sin comentarios)
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