miércoles, 6 de abril de 2011

Bulto nada sospechoso



Una conocida de “La Red” que ya está bordeando los cincuenta me comentaba, en un arranque de sinceridad, que ya estaba hasta las mismísimas de la memez que se va diciendo por ahí de que a las mujeres “no les importa el tamaño” del miembro viril, pene o polla de los varones. Decía que la mujer que contase eso mentía como una bellaca y que ella, las relaciones sexuales con las que más orgasmos había conseguido –escasas- habían sido con hombres bien armados. Ahora, me explicaba, no se andaba con tonterías a la hora de plantear la cuestión. Bueno, en realidad no era un planteamiento, sino un tocamiento o palpación exterior que le daba la medida de las posibilidades del macho aspirante a la cópula. Si la sobadura era satisfactoria en cuanto a compostura y mesura pasaba a la segunda fase del cortejo que consistía en enamorarse de él previa comprobación visual y ajuste del miembro en la “cueva de las satisfacciones”. Si, por el contrario el macho no daba la talla, pues sencillamente lo abandonaba sin más en la primera fase. No me aclaró si se apiadaba del “exaspirante” contándole que los motivos de la deserción eran que su polla era una talla XS y no una XXL.

En este momento no sé si expresar pesar o satisfacción por el comentario, lo que si recordaba cuando acabó de contarme sus preferencias –tal vez para animarme un poco- fue lo que me dijo hace algunos años una amante sevillana que tuve al respecto de la longitud del miembro: “Mi ‘arma’ en la cueva cabe lo que cabe y ya me dirás tú ´pa´ que quiero lo que sobra ¿’Pa’ que se constipe?”

lunes, 4 de abril de 2011

No lo esperaba



No lo esperaba...
Pero tampoco esperaba el mar que me quisieras,
Ni esperó la lluvia que no nacieran flores
Aquella primavera extraña.
No lo esperaba; ni tú tampoco...
Y por eso dolió más,
Como duele despertar a un día brillante
Con el corazón herido,
Porque no tienes nada que vivir,
Ni quieres, ni sueñas con tenerlo
...y sin embargo te despiertas
y hay un sol que te deslumbra...
y te duele la mañana soleada
y el olor a primavera llega a desgarrarte.
No lo esperaba...
Y de repente eres una extraña,
Y quiero odiarte más de lo que te odio
Y quiero amarte más de lo que te amo
Y evito tus ojos...
Y evito que me importe evitarlos
Porque nada voy a encontrar en ellos,
Nada mientras te sienta tan lejos.
No lo esperaba...
Y aquí estamos:
Creyendo que nos amamos,
( como dos muertos).

jueves, 31 de marzo de 2011

Dueño de las palabras



Vuelvo a ser el dueño de las palabras,
Vuelven las caricias confusas
Los sentimientos tupidos
El deseo incierto,
Retorna la ilusión...dormida.
De nuevo estoy lúcido…
Y tan solo como entonces.
Me cubren de pétalos de silencio.
Y sin embargo penetro en la tormenta.
Me refugio en el balanceo de su calma.
En la dulce amargura de no poder llorar.
No hay nada extraño, ni eterno, ni sustancial,
En realidad todo estuvo en mí,
Todo nace hoy, como siempre,
Otra vez.
Huelo el agua, el Amor ahogado.
Y sencillamente me duermo.
Sin esperarte, ni odiarte, ni lamentarte.
Y vivo.
Sin sufrirte, ni llorarte, ni desafiarte.
Recupero las palabras
Y descubro con tristeza...
Que no tengo nada que decirme.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Azul y Blanco



Amo y soy amado.
Como nunca.
Pasión y sentimiento en color Azul.
Azul. Azul. Azul.
Y sin embargo...
Miedo, como siempre miedo.
Miedo que me llena de lágrimas.
Lágrimas que inunda la sonrisa que cruza mi rostro, marcado de felicidad
Felicidad que abrasa entre mis manos,
Dicha que duele en las entrañas,
Temor de perder lo que ahora tengo,
Temor de caer por el abismo.
Aunque siempre fui abismo. Abismo Blanco
Blanco. Blanco. Blanco.
Nubes que no quiero...
Y que me envuelven,
Y que me empujan hacia el cielo
Azul, Azul, Azul.
Y me alejan de ti
Distancia dibujada sin contornos.
Llena de vacío
Blanco, Blanco, Blanco

jueves, 24 de marzo de 2011

El Amor, ese matiz




“Cuando te enamoras es una locura temporal, irrumpe como un terremoto y luego remite. Y cuando remite tienes que decidirte. Tienes que averiguar si vuestras raíces se han entrelazado de tal forma que es inconcebible que podáis separaros; porque en eso consiste el amor.

El amor no es ansiedad, no es excitación, ni el deseo de copular a todas horas del día, ni quedarse despierta toda la noche imaginando que él está besando todo tu cuerpo. No, no te sonrojes, es la verdad, eso es solo estar enamorado y cualquiera puede convencerse de que lo está, el amor en si es lo que queda cuando la pasión se ha consumido. No parece emocionante ¿verdad? Pues lo es...”

(La mandolina del capitán Corelli, monólogo interpretado por John Hurt)

Andaba buscando en “La Red” la autoría del anterior párrafo y me ha costado un buen rato saber de qué lugar provenía. No es que el monólogo no haya sido reproducido en páginas, webs, blogs, glups, redes sociales, lugares de contactos y similares, lo que ocurre es que casi nadie pone el origen. La razón de esa ocultación –como tantos otros datos que no circulan en “La Red”- es sin duda el atribuírselo. Y es que las palabritas en cuestión son un gancho inapreciable para cualquier galán en trámites de conquista de hembra con ganas de ser seducida. Digo o escribo “hembra” porque quién las utiliza son, en exclusiva, varones y digo o escribo “con ganas de ser seducidas”, porque una comprobación en google como la que he hecho yo le hubiese informado de que los sentimientos expresados por su galán son un plagio. Y si sus sentimientos son un plagio, toda la parafernalia amorosa que lo acompaña y que nos causa tanto placer, también lo son.

Pero ese axioma falla estrepitosamente cuando se vive en carne propia. Porque aunque las palabras del cortejo amoroso sean siempre las mismas o parecidas; aunque en los besos poco se pueda innovar cuando ya se tiene una práctica acreditada; aunque el protocolo cuando haces el amor con sus caricias dirigidas a las zonas sabidas, o el calor del aliento recorriéndote la espalda, o la transmutación del lenguaje en monosílabos o simples gemidos que alcanzan su volumen más elevado en el culmen del orgasmo, sean semejantes a las que vivimos anteriormente o a las de nuestro vecino, aunque repitamos día a día la monotonía del amor, nos parecerá una novedad si lo compartimos con la persona adeacuda. Tal vez porque el amor sea un matiz. El matiz que nos hace ver lo afín como diferente.