martes, 26 de abril de 2011

Deportes de riesgo




Llevo desde el viernes pasado con el tobillo dolorido e inmovilizado. Me lo torcí practicando deporte. No, no soy el de la foto que está volando en ala delta: una caída desde la distancia que está el piloto me hubiese supuesto la contractura de algo más que un tobillo. La cosa fue más simple: acababa realizar dicha foto y me puse a andar mientras guardaba la cámara en la funda. Fue entonces cuando me falló el pie y me puse a andar con el tobillo. Está visto que hacer dos cosas a la vez es un deporte de riesgo.


(Se oye -si pinchas- "Rayando el sol" por Maná. No olvidéis el traje de amianto)

jueves, 21 de abril de 2011

Y el capullo floreció...

ADVERTENCIA:  ESTE VÍDEO ES PARA MAYORES DE EDAD PORQUE CONTIENE MATERIAL SENSIBLE. ABSTENTE DE PINCHAR EL PLAY SI NO TIENES ESA EDAD.

 



En las próximas semanas os iré contando el apasionante tema de la evolución de los capullos.


martes, 19 de abril de 2011

Disculpa para una desconocida que no llegará a leerla

(Se escucha "Ticket to ride"-Billete de vuelta- de The Beatles versionada por Carpenters, la mejor para mi)

Te sorprenderá  que te trate como desconocida habiéndote visto en varias ocasiones pero es que, a pesar de eso, sigues siendo para mí una extraña. Ese es el primer motivo y fundamental de mi disculpa, el no haberte  podido conocer a pesar de tus esfuerzos para que así fuese. Ha sido descortés por mi parte no corresponder a tus confidencias, a tu sinceridad, a tu descarnado atrevimiento con un poco, si quiera, interés por parte mía por ahondar en tus pensamientos, en tus sentimientos, en esa atracción tantas veces demostrada que sentías por mí. 

Lo siento tanto que escribo esta confesión haciéndola pública tratando de descargar con ello mi conciencia, haciendo testigo  al mundo de mi grosero proceder.  No sé si podré aquietarla porque sé que no la leerás: tu decepción te ha producido hartazgo, hartazgo de mí y te entiendo. Entiendo que el marcharme sin decir nada obligándote a un forzado silencio, satura el pensamiento en mil dudas que la simpleza de mi comportamiento no puede llegar a comprender. 

Lo siento, de veras, como también lamento el no haber contestado a tus correos llenos de preocupación por saber qué me había ocurrido. Sé que con un simple “Estoy bien” o respondiéndote el mensaje sin contenido hubieses tenido bastante, pero el orgullo y el aburrimiento que me producen las personas que conquisto, me lo impidieron. Ese mismo orgullo que interrumpió los “esemese” que contestaba a los tuyos llenos de ansiedad.  Quería que notases la indiferencia que tengo  hacia ti en vez de explicártela como lo hacen las personas que han pasado buenos momentos juntos. Ya te dije que soy algo primitivo en mis reacciones y opto por lo que me es más cómodo: largarme sin dar explicaciones. 

Sé que allí donde estés y aún no leyendo este escrito me perdonarás. Las personas como tú lo hacéis siempre a pesar del maltrato a que os someten. Esas personas que se asemejan a tiernos capullos como el que he visto crecer este fin de semana en mi jardín y que me recordó a tí: alegran  tanto que es una pena que se marchiten tan rápido. 

(Sin comentarios)

sábado, 16 de abril de 2011

Volver a empezar


De una mujer recuerdo el primer beso, la primera caricia, la primera vez que hacemos el amor, las primeras palabras en las que intercambiamos sentimientos. Esos instantes permanecen siempre en mi memoria. Sin embargo nunca he sabido cual  fué, en una relación, el último beso, la última caricia, la última vez que hicimos el amor o las últimas palabras antes de que se hiciese el silencio entre nosotros. La desmemoria juega en este caso a mi favor y, tal vez por ella, sea por lo que me gusta tanto volver a empezar.